Alimentación antiinflamatoria

¿Por qué una alimentación antiinflamatoria?

Tanto si buscas perder peso, controlar el colesterol o la diabetes, reducir el riesgo de contraer cáncer o una enfermedad cardiovascular, mejorar una enfermedad autoinmune como si simplemente quieres tener energía y vitalidad desde que te levantas hasta que te acuestas, deberás darle a tu cuerpo una alimentación rica en todos los micronutrientes necesarios y, al mismo tiempo, evitar los alimentos que son problemáticos.

Como indica su nombre, una alimentación antiinflamatoria te ayuda a luchar contra la inflamación, especialmente contra la inflamación crónica de bajo grado, ese mal que se encuentra en la raíz de la mayoría de problemas de salud de las sociedades “desarrolladas”: dolores de cabeza, eccemas, dermatitis, diarrea, estreñimiento, menstruaciones dolorosas, alergias, asma, intolerancias… pero también enfermedades crónicas y autoinmunes como diabetes, hipotirodismo, artritis reumatoide, Alzheimer, Parkinson, etc.

Una alimentación antiinflamatoria se centra en alimentos que mejoran nuestra salud al aportar una nutrición equilibrada y completa al tiempo que nos aleja de los productos ultraprocesados y refinados llenos de calorías vacías.

La alimentación antiinflamatoria está basada en comer un gran variedad de carnes, pescados, mariscos, huevos, verduras, frutas, frutos secos y semillas.

Efectivamente, si has llegado hasta aquí es porque ya sabes (o intuyes) que la alimentación es crucial para tu salud. La pieza que tal vez te falte es saber que hay muchos alimentos supuestamente saludables que a muchas personas pueden hacernos daño. Pero antes de centrarnos en los “malos” de la película, vamos a ver qué debemos comer y en qué proporciones para prevenir y mejorar la mayoría de enfermedades crónicas y “molestias” con las que nos hemos “acostumbrado” a vivir y que nos dicen que son normales.

¿En qué consiste la alimentación antiinflamatoria?

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La alimentación antiinflamatoria está basada fundamentalmente en alimentos de origen vegetal: 2/3 de cada una de tus comidas deberán ser vegetales y 1/3 productos de origen animal. Las verduras y hortalizas tienen que ser las reinas de tu día a día, acompañadas de fruta, frutos secos, semillas, grasas de calidad y alimentos fermentados probióticos; sin olvidarnos de rematar los platos con hierbas y especias. Al mismo tiempo, se evitarán todos los alimentos que suelen provocar disrupción hormonal, inflamación y disbiosis (desequilibrio en la microbiota intestinal): todos los productos ultraprocesados y refinados, casi todos los cereales y pseudocereales y la mayoría de productos lácteos (especialmente los de vaca y los no fermentados). Las legumbres conviene retirarlas en muchas ocasiones, o por lo menos en un primer momento, hasta que mejore la función digestiva. Aunque siempre conviene individualizar, estas son las líneas generales de una alimentación antiinflamatoria.

El consumo de proteínas animales de calidad (huevos, pescado, marisco, carne, vísceras) es más que recomendable, ya que aportan nutrientes vitales que muchas veces no se pueden obtener de las plantas, o al menos no en la manera y cantidad que necesita un organismo debilitado. Además, no todos los organismos (aquí la microbiota es clave) están preparados para aprovechar los nutrientes de una alimentación exclusivamente vegetal.

Además, la variedad es otro pilar fundamental para conseguir todo el espectro y las sinergias de nutrientes que nuestro cuerpo necesita sin estar preocupados de si tal alimento contienen tal vitamina o tal mineral. Dos estrategias que funcionan muy bien son estas:

  • Come el arco-iris: asegúrate de comer todos los días todos los colores del arco-iris entre las verduras y frutas. Es una estrategia que suele gustar mucho a los peques de la casa.

  • Come el animal de cabo a rabo: estamos acostumbrados a comer carnes muy magras pero conviene incluir de vez en cuando órganos y vísceras (tuétano, callos, mollejas, hígado, rabo, etc.).

¿Cómo mejora la salud una alimentación antiinflamatoria?

Al centrarse en los alimentos con mayor densidad nutricional y prescindir de otros que favorecen la desregulación hormonal, la inflamación y la disbiosis intestinal (cuando los microorganismos de tus intestinos no son los correctos, no están donde deben, en las proporciones que deben o en la diversidad necesaria), una alimentación antiinflamatoria puede mejorar una gran cantidad de problemas de salud. También es una estrategia ideal para conseguir un peso adecuado: las personas que tienen sobrepeso u obesidad tienden a bajar y aquellas que tienen bajo peso suelen subir.

La alimentación antiinflamatoria ayuda a optimizar la salud intestinal, la cual es clave para la salud de todo nuestro organismo. Al aportar los nutrientes que nuestro cuerpo y nuestra microbiota necesitan, favorece una población de microorganismos probióticos, evita la disbiosis y daños a la pared intestinal (hiperpermeabilidad), con lo que se consigue un sistema inmunitario menos reactivo y más fuerte.

Los ensayos clínicos realizados hasta la fecha demuestran que una alimentación antiinflamatoria aporta numerosos beneficios para la salud:

  • disminuye el riesgo de contraer una enfermedad cardiovascular;

  • reduce la inflamación y ayuda a regular el sistema inmunitario;

  • disminuye las posibilidades de contraer cáncer;

  • mejora la diabetes al optimizar los niveles de glucosa y recuperar la sensibilidad a la insulina;

  • ayuda a perder peso, por lo que es una buena solución contra el sobrepeso y la obesidad;

  • mejora los síntomas de las enfermedades autoinmunes.

Y no lo dicen solo ensayos clínicos individuales como los que te cito más abajo, sino que también se han hecho metaanálisis (una resumen de muchos ensayos clínicos) que corroboran todos estos beneficios.

Todo esto es lo que puede conseguir una alimentación antiinflamatoria. Por eso, es la forma de comer que recomiendo en mi coaching de salud integral y en mis talleres de cocina innovadora y saludable.

ESTUDIOS CIENTÍFICOS:

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