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Acidez, ardor, reflujo. El porqué y una solución natural.

Muchas personas viven con acidez constante y tomando frecuentemente medicamentos como el Omeprazol o el Almax para tratar la acidez o el reflujo gastroesofágico. Hoy me gustaría ayudarte a saber cuál es el verdadero problema e intentar solucionarlo.

Antes de nada, conviene saber que, contrariamente a lo que se suele pensar (y por desgracia al revés de lo que suelen recomendarnos), en la mayoría de casos el reflujo o la acidez no se deben a un exceso de ácido en el estómago, sino todo lo contrario. Y la falta de ácido en el estómago condicionará una mala digestión de las proteínas y una mala absorción de las vitaminas B12 y B9 y de minerales como el zinc, el calcio y el hierro. Como consecuencia, estas carencias pueden provocar diversos problemas de salud.

Entiendo que pueda costar entender que el problema sea la falta de ácido si lo que noto es que me arde. De hecho, las dos causas son posibles y por eso lo primero es averiguar si estás produciendo la cantidad adecuada de ácido. Y puedes hacerlo tú en casa con estas sencillas pruebas.

Compruébalo tú mismo

  1. Por la mañana, en ayunas, antes de beber o comer cualquier cosa, disuelve 1/2 cucharadita de bicarbonato en un vaso de agua (250 ml) y bébetelo. Si eructas muy rápido puede ser que tengas exceso de ácido; si tardas entre 1 y 2 minutos largos, es que todo va bien; pero si te acercas mucho a los 3 minutos, y especialmente si pasas de los 5 minutos, entonces que es definitivamente te falta ácido en el estómago.

  2. Toma una buena cantidad de remolacha cocida durante 3 días un par de veces al día. Si el color de la orina sale rosado o rojizo es que los niveles de ácido estomacal son bajos y no se está descomponiendo bien el pigmento de la remolacha. (Atención: las heces siempre saldrán coloradas.)

¿Por qué tenemos ardor o reflujo?

Después de estar en el estómago, la comida pasa al intestino delgado. Pero para evitar un exceso de acidez que dañaría la pared intestinal, el cuerpo produce bilis. No obstante, una mala evacuación de las heces (estreñimiento o diarrea) puede provocar que ciertas toxinas sean reabsorbidas, vuelvan al hígado y acaben dándole "demasiado trabajo", lo cual puede acabar provocando una bilis más densa y, por tanto, que circule con dificultad desde la vesícula (donde es producida). Si no hay suficiente bilis, el cuerpo (siempre pensando en sobrevivir) no deja que se produzca este paso de los alimentos digeridos del estómago al intestino, ya que este último no está preparado para una acidez tan alta y se dañaría. Al quedarse la comida estancada, la pared estomacal acaba irritándose. El cuerpo, para intentar paliar este problema, reduce la producción de ácido, lo cual dificulta a su vez la digestión correcta de ciertos alimentos (el gluten y los lácteos, por ejemplo). Y ya tenemos un círculo sin fin...

La falta de ácido clorhídrico en el estómago también se puede deber a:

  • un uso excesivo de protectores gástricos o antiácidos (Omeprazol, Almax, etc.);

  • infección o disbiosis estomacal, comúnmente por Helicobacter pylori;

  • falta de grasa de calidad o proteína en la dieta;

  • problemas (auto)inmunitarios;

  • épocas intensas y prolongadas de estrés;

  • intolerancia a ciertos alimentos (gluten, lácteos, fructosa…);

  • falta de movimiento y ejercicio.

Estrategias para corregir la acidez

Si tienes exceso de acidez, incrementa la producción de bilis mediante:

  1. Alimentos: remolacha, alcachofa, verduras de hoja verde cocidos y apio cocidos.

  2. Infusiones: hinojo, comino, cilantro y fenogreco.

Si no tienes suficiente ácido estomacal, entonces: 

  1. Evitar postres y frutas durante las comidas. Tomarlas alejadas de las comidas.

  2. No beber durante las comidas (mejor 30 minutos antes o después), pues se diluirán los ácidos estomacales.

  3. Practicar el ayuno de vez en cuando. Aquí tienes más información.

  4. Disminuir la ingesta de carbohidratos y azúcares.

  5. Aumentar los alimentos amargos y ácidos, que suelen fomentar la secreción de ácidos y enzimas digestivos: apio, zumo de limón, infusión de boldo, jengibre, vegetales de hojas verdes, remolacha, vinagre de manzana, genciana, hinojo, diente de león, alcachofa, cardo, menta, comino, etc.

En caso de sufrir episodios recurrentes y molestos, no dudes en acudir a un especialista. Mi programa de coaching de salud integral incluye todas estas estrategias para mejorar la salud digestiva, clave para la salud general tanto física como emocional.

Superalimentos para tu flora intestinal

Como decía en el post sobre la microbiota o microflora intestinal, los probióticos son los microorganismos vivos que, en cantidades adecuadas, aportan beneficios a la salud del organismo que los hospeda, en nuestro caso, nosotros mismos. Y los prebióticos son los alimentos que nutren a estos microorganismos beneficiosos y, por tanto, nos aportan un beneficio a la salud.

La manzana y la zanahoria son alimentos ricos en pectina, una de las fibras fermentables preferida por los microorganismos que conforman nuestra microbiota. Sin embargo, es un tipo de fibra a la que nuestra microbiota no puede acceder si no le ayudamos un poco. ¿Y cómo lo conseguimos? Con calor: cocinándolas. Ya tienes una razón más para comer compota de manzana o manzanas al horno, zanahoria cocida, rehogada o en puré. Suelen encantarles a los niños porque son dulces y, además de ser baratas, estarás dándoles un superalimento para su salud.

¿Cuál es tu forma preferida de cocina las manzanas y las zanahorias? ¿Las usarás más ahora que sabes que son clave para tu microbiota y, por tanto, para tu salud?

¿Tú también guardas los huevos en la nevera?

¿No estarás haciendo esto con los huevos cuando vuelves de la compra?

Mi intención es compartir información interesante. Y esta la he visto en un artículo de la web Salud, Nutrición y Bienestar.

En Europa está prohibido que las tiendas tengan los huevos refrigerados. Por eso las tiendas ponen los huevos a la venta en un lineal normal, nunca en las neveras. En Estados Unidos, sin embargo, es al revés: está prohibido vender huevos que no estén refrigerados.

Haz click en la imagen para ver la receta de este socorrido y buenísimo plato.

Haz click en la imagen para ver la receta de este socorrido y buenísimo plato.

¿Y quién tendrá razón? La salmonelosis se contrae al consumir productos contaminados de origen animal, especialmente huevos. Pero tienen que ser huevos con muchas bacterias, o sea, en general huevos puestos hace muchas semanas. Afortunadamente, la naturaleza es muy sabia. Justo antes de la puesta, la gallina envuelve el huevo con un líquido protector que impide que las bacterias pasen al huevo. Este líquido se seca y forma una capa llamada cutícula, que protege el huevo para que no penetren las bacterias a través de la cáscara.

Al lavar los huevos se elimina prácticamente la totalidad de su cutícula, por lo que se le despoja de su barrera natural contra los microbios. En Estados Unidos, los huevos que se distribuyen en las tiendas siempre se lavan antes de venderse, por lo que pierden su cutícula y por eso son tan vulnerables a la contaminación y deben mantenerse en frío. En Europa, precisamente para evitar que pierdan la cutícula, está prohibido lavarlos. ¿Y meterlos en la nevera? El problema es que, al sacar el huevo de la nevera, se cubre de condensación y está húmedo cuando vuelve a ponerse en la nevera. Por lo tanto, una vez desprovistos de la cutícula por el lavado, pueden contaminarse con bacterias.

Conclusión: no laves los huevos al llegar a casa, sino justo antes de utilizarlos. Y mételos en la nevera solo cuando las temperaturas sean altas. No rompas el huevo en el mismo recipiente en el que vayas a cocinarlo o batirlo para evitar posibles contaminaciones de la cáscara.


Fuentes:

Información obtenida en el artículo https://www.saludnutricionbienestar.com/usted-tambien-comete-error-huevos-compra/

Cómo protegerse del sol de manera natural

Sí, sí. La vitamina D prácticamente solo la obtenemos tomando el sol, con una buena parte del cuerpo expuesta directamente al sol, es decir, sin ropa pero también sin crema. Y la crema protectora la necesitamos para no quemarnos, pero hay otros remedios: la comida. 

Los antioxidantes son moléculas que nos protegen de los malos, los famosos radicales libres. Los carotenoides, el glutatión, las vitaminas E y C y los polifenoles están entre los antioxidantes más potentes y gracias a ellos:

  • neutralizamos los radicales libres, que dañan el resto de nuestras células;
  • absorbemos los rayos ultravioletas sin sufrir daños;
  • proporcionamos hidratación, fuerza y elasticidad a la piel;
  • y reparamos el daño hecho a la piel (arrugas) regenerando el colágeno.

¿Y qué alimentos hay que comer?

Uno de mis preferidos es el CACAO. Las propiedades antioxidantes del ingrediente principal del chocolate negro son cuatro veces más potentes que las del chocolate negro normal y 20 veces más que las de los arándanos azules, el superalimento por excelencia. Pero además contiene proteína, calcio, caroteno, tiamina, riboflavina, magnesio, sulfuro, flavonoides y ácidos grasos esenciales. No te pierdas mi receta de pudding de cacao sin lácteos.

Las verduras frescas y ecológicas, en especial las de hoja verde. Aunque si quieres aprovechar al máximo sus antioxidantes, lo mejor es comerlas crudas. Las ensaladas, zumos y smoothies son la manera más fácil y rápida. Otras de mis favoritas son los pimientos rojos y los tomates, bien cargaditos de licopeno (sobre todo cocinados).

Frutas: frutos rojos como las moras, las frambuesas y los arándanos azules y rojos son las mejores fuentes de antioxidantes que puedes consumir. Otros ejemplos son el kiwi, las uvas, las calabazas y las naranjas.

Todos los tés verdes, pero en especial el matcha (té verde en polvo).

Los frutos secos: nueces, avellanas y pecanas son fuente excelentes.

Dime, ¿cuál es tu comida antioxidante favorita?